Quien la viera aislada, suelta, no vería
demasiado. Apenas una señora inglesa del montón, regordeta y con esa
edad indefinible de las amas de casa. Una mujer bajita y con el
pelo oscuro cayéndole sobre los hombros y la frente. Una madre más
entre las miles que se amontonan cada tarde a la salida de los
colegios, a hablar del fútbol de los chicos, los maridos andropáusicos y
esa clase de cosas.
Quien la viera así, desprendida de todo
lo que hoy ya es “su circunstancia” (los millones de copias que
vendió “Cincuenta sombras de Grey”, su novela debut, el
millonario adelanto por los derechos para filmarla, los críticos
enloquecidos con el supuesto nacimiento de “un nuevo género: el porno
para mamás”) tal vez podría tomarla por una versión 3.0 (con las cejas
depiladas y unos cuantos años menos) de otra inglesa que también se hizo
famosa de la noche a la mañana: Susan Boyle, “el ángel peludo”,
aquella señora que hace tres años apareció en el show “Britain´s got
talent” y enamoró a todos con su voz celestial. Otros, tal vez más
precisos, prefieren comparar a Erika Leonard James con K. H Rowling, la
autora de Harry Potter.
Pero no solo porque las dos sean
inglesas sino porque ambas pasaron de pobres y anónimas a ricas y
famosas gracias a su escritura. La diferencia es que mientras la rubia
Rowling optó por los calderos y los libros de magia para sumar
kilómetros de ceros a su cuenta bancaria, a James se le dio por fustas,
látigos, cadenas y demás artilugios del arsenal sadomasoquista. Su
acierto –y qué acierto– fue mezclar toda esta batería de dispositivos
made in Sade con lo más tradicional del relato rosa, de romance
arquetípico.
Una especie de Pucca en traje de
dominatrix o –para decirlo más directamente– una historia de amor
clásica (chico guapo, chica hermosa, encuentro, tironeo, beso, la serie
completa), pero con reiterados shocks de sexo hardcore. El resultado fue
unatrilogía llamada “Cincuenta sombras”
(“Cincuenta Sombras de Grey”, “Cincuenta sombras más oscuras” y
“Cincuenta sombras liberadas”) que, cual una reedición de la saga
Millenium pero contada por la Cicciolina, vendría a condensar las más
inconfesables fantasías femeninas. Y todo con esa cara de baby sitter.
Quién diría.
Todo comenzó como un divertimento. Una
guionista inglesa casada y madre de dos teens llenos de granos
decidió un día ventilar su cabeza con una “bromita”. Aflojar el bozal a
todos sus atones y ver qué pasaba. Así, inspirándose en las brumas y los
devaneos góticos de la saga de Crepúsculo, comenzó a liberar sus
propios fantasmas cachondos. El resultado fue una continuación hot de
aquella idea, llamada “Amo del universo”. No bien el libro fue publicado
por una editorial australiana, el boom le explotó entre las manos. Y no
fue ya una novela debut sino unasaga completa, de esas
que se llaman “trilogía”, con principio, medio y final. ¿Por qué tantas
“sombras” en los títulos? Bueno, evidentemente en el ADN de la obra de
James quedaron varias marcas de origen “crepuscular” de sus textos.
Pero, además, cualquier referencia a la oscuridad, a las sombras y al
“lado salvaje” parece tener un terrible sex appeal en el
lectorado femenino de adscripción judeo cristiana que decide el destino
de esta clase de producto editorial.
La idea del “pecado” y del “vamos a
portarnos mal” sobrevuela las páginas y las cabezas de las consumidoras.
Y, la verdad sea dicha, a las creaciones de James no les falta nada que
debe tener un best seller pensado para la generación de mujeres post
“Sex and the City”. Esto es: señoras más o menos jóvenes que soportan
el mundo sobre sus espaldas y a las que la idea de “dejarse llevar” –así
sea a la mazmorra– las seduce, y cómo. “Hartas de organizarlo todo, ¿a
quién no le gusta la fantasía de que es otra persona la que lleva el
control?”, se preguntó la autora hace días durante la conferencia de
prensa con que presentó el libro en España.
Hay pues un tiránico príncipe (pero no
azul, sino dark), que conoce de literatura, de vinos y de música
clásica, además de volar helicópteros y biplanos, que rima con que
además toca el piano. Eso sí: más o menos desde la décima página deja
entrever que no solo en cuestión de música y literatura tiene gustos
raros. También en cuestiones eróticasChristian Grey
(rico y hermoso, ¿cómo no?) juega al exótico, y Anastasia Steele
(cándida y virgen, ¿cómo no?) juega a pisar el perverso palito. Hasta
aquí al menos, más de lo de siempre, a punto tal que aún Valerie Hoskins
(la agente de James en el Reino Unido), admitió que “en cierto modo es
la típica historia romántica. Es la historia de la Bella y la Bestia
pero con pasajes eróticos muy significativos. Supongo que es algo único
en la ficción comercial y es lo que ha disparado su popularidad entre
las mujeres que lo comentan en los parques, en los gimnasios y en
las peluquerías”.
Revista Noticias (Argentina) - via thevampireclub

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